El Puente de Piedra de Coria, conocido también como Puente Viejo, Puente Seco o Puente Sin Río, es uno de los monumentos más singulares del norte de Extremadura. Su imagen resulta sorprendente: una gran construcción de piedra levantada para cruzar el río Alagón que, desde hace siglos, permanece rodeada de campos y huertas, alejada del cauce actual.
Un puente construido en 1518
La obra actual fue terminada en 1518, aunque existen referencias a puentes anteriores en este mismo lugar. Algunos autores plantean la posibilidad de que sustituyera a una estructura de origen romano o medieval, pero no se conservan pruebas suficientes para considerar romano el puente que contemplamos hoy.
Ya en 1322 se documentó la concesión de indulgencias a quienes colaborasen en la reparación de un puente dañado por una fuerte crecida del Alagón ocurrida el invierno anterior. Este testimonio demuestra la importancia que tuvo históricamente este paso para las comunicaciones de Coria y su entorno.
Arquitectura del Puente de Piedra
El puente mide aproximadamente 199 metros de longitud, 5,93 metros de anchura y alcanza una altura cercana a los 10,90 metros. Está construido con piedra berroqueña y presenta cinco grandes arcos de medio punto, reforzados mediante robustos tajamares que ayudaban a soportar la presión de las aguas durante las crecidas.
Su solidez y sus dimensiones reflejan la importancia de esta infraestructura, que durante siglos facilitó la entrada y salida de viajeros, mercancías y habitantes por el sector meridional de la ciudad.
¿Por qué el puente de Coria no tiene río?
La característica más llamativa del monumento se debe a un fenómeno natural. A mediados del siglo XVII, después de varias crecidas invernales, el río Alagón modificó progresivamente su recorrido y terminó estableciendo un nuevo cauce. El puente quedó definitivamente en seco, separado de las aguas que había sido construido para salvar.
Durante aproximadamente dos siglos y medio, entre 1647 y 1909, el cruce del nuevo cauce tuvo que realizarse mediante barcas. Esta curiosa situación dio origen a una conocida expresión popular:
«Coria tiene un puente sin río y un río sin puente».
Aunque una tradición posterior relacionó el cambio de cauce con el terremoto de Lisboa de 1755, las fuentes históricas sitúan el abandono del antiguo recorrido del Alagón varias décadas antes. El desplazamiento fue consecuencia de la dinámica natural del río y de las sucesivas inundaciones de la vega.
Un monumento imprescindible de Coria
El Puente de Piedra ya no cumple la función para la que fue construido, pero se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de Coria. Su silueta permite comprender cómo el paisaje, los ríos y las poblaciones han cambiado a lo largo del tiempo.
La visita puede combinarse con un recorrido por el casco histórico de Coria, donde se encuentran la Catedral de Santa María de la Asunción, las murallas romanas, el castillo de los Duques de Alba y otros destacados monumentos de la ciudad.
Contemplar este gran puente de piedra en mitad de la antigua vega del Alagón es descubrir una de las historias más curiosas del patrimonio extremeño: la de una obra capaz de sobrevivir durante más de cinco siglos, incluso después de perder el río que justificó su construcción.
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